Domingo: Un tiempo para las historias, los mitos y las leyendas (2)

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¡¡Hola!!

Ayer, lamentablemente, no pude hacer la publicación correspondiente al Espacio: “Domingo: un tiempo para las historias, los mitos y las leyendas…”, así es que mil disculpas a los lectores y lectoras que la esperaban… No obstante ello (y  como lo prometido es deuda), hoy lunes cuelgo para ustedes el segundo cuento de  Horacia  Echeverría, que se llama: ¿Quiénes son los pobres?

La narración se sitúa alrededor de las vías del tren y la casa paterna de la autora, en Palo Santo (Formosa)… La magia, el color, la picardía, la creatividad, el movimiento y las bellas notas musicales de las hierbas acompañando el caminar de los niños, así como la calidez de la autora en el relato de sus recuerdos infantiles, se constituyen en el marco empleado para narrar este pedacito de historia que vive en sus recuerdos…

¿Quiénes son los pobres?, intenta transmitir un mensaje de amor, la enseñanza de valores y su práctica, la diferencia entre caridad y solidaridad… Está narrada con gran entusiasmo, lo que permite que, tanto a lectores como a lectoras, participen imaginariamente como protagonistas durante su desarrollo…

¡¡Que disfrutes este nuevo cuento!!  Está acá abajo. Sarita


Cuento: ¿Quiénes son los pobres?

Por: Horacia Echeverría

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Estábamos mi hermano Lalo y yo en la Estación del ferrocarril, con dos canastos llenos de naranjas, bananas y manzanas  para ofrecer a los pasajeros que a pesar del asfixiante verano estaban viajando desde Formosa a quién sabe qué destinos de la línea férrea hasta Embarcación, Salta. Los feligreses que aquel domingo salían de misa, se acercaron para comprarnos algunas frutas.

El policía que siempre estaba en el andén, nos dijo que cuando se vaya el tren fuésemos a la Comisaría local a retirar juguetes que el gobierno había mandado para los niños del pueblo.

Nunca la espera fue tan larga. El tren tardaba en llegar y nosotros estábamos ansiosos por buscar aquellos juguetes que nos habían ofrecido. Cuando al final lo hicimos, un agente con un exagerado bigote me entregó un gatito azul de plástico con rueditas y una pequeña muñeca con chupetes, mientras que a mi hermano le dio una gran pelota de goma. Felices, regresamos a casa, con la noticia. Y jugamos hasta el cansancio. Yo no dejaba de mirar a mi hermoso gatito azul mientras le colocaba el chupete a la muñequita de brazos quietos.

Cuando al anochecer papá regresó de trabajar, no tardó en darse cuenta que esos juguetes no habían estado antes en nuestro poder, por lo que nos preguntó de dónde lo habíamos obtenido.

Cuando supo su origen, nos dijo que debíamos limpiarlos y devolverlos, porque esos juguetes estaban destinados a los niños pobres, a quienes si nos lo quedábamos, les estábamos arrebatando ese derecho.

Pero si nosotros somos niños pobres, papá, contestamos en dúo… pero él nos respondió: pobres son aquellos que no tienen familia, techo y comida y eso a ustedes les sobra…. Y se quedó a mirarnos mientras caminábamos hacia la Comisaría, que no quedaba tan lejos. Pensamos esconderlos entre los matorrales del camino, pero  papá, como si sospechara, se quedó observándonos desde las vías. El bigotudo vigilante no entendió las razones de la devolución, pero –ante nuestra insistencia- recibió resignado aquellos  juguetes.

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Acerca del Autor/a:

Sara Navarro

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