Domingo: Un tiempo para las Historias, los Mitos y las Leyendas… (3)

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¡¡Hola!!

Aun cuando no sea el día que destinamos, desde TU PORTAL, para la narración de Cuentos, Mitos y Leyendas (recordá que habíamos elegido los domingos para hacerlo) y, como estamos en época de receso escolar, presento hoy una nueva Historia que nos regala Horacia…

En esta oportunidad vamos a viajar al mes de enero de 1966, cuando la autora, sus hermanos y una prima esperaban  la llegada de los Reyes Magos…

Ansiedad, alegría, expectación, búsqueda  de respuestas, distintas posibilidades para presentar esas respuestas, temores… Sentimientos propios de una etapa donde la inocencia explica la realidad…

Uno de los objetivos que podemos lograr (si tomamos a la historia como recurso,  como herramienta, para el trabajo en clase) no es otro que hacer que los niños y niñas participen de una historia  tantas veces explicada…

El cuento, así como está narrado, nos permite jugar con un sinfín de posibilidades, de tal forma que con él se puede ir haciendo y deshaciendo la historia a medida que ésta avanza. Además, su estructura sencilla y repetitiva permite, a los que ya conocen este acontecimiento, divertirse y participar activamente en la narración.

Melchor, Gaspar y Baltasar son los nombres de los tres Reyes Magos, eso es bien sabido, aunque siempre hay matices, a la hora de contar su historia… Horacia nos cuenta una, pero también podríamos utilizarla de disparador para que el auditorio comience  a imaginar y arrojar respuestas a estas preguntas, por ejemplo: ¿Dónde viven de verdad los Reyes Magos? ¿Cómo puede darles tiempo a recorrer tantos países en una sola noche? ¿Qué ocurre con los niños que no reciben regalos? ¿Existe un cuarto Rey Mago? ¿Qué hay que hacer si por equivocación se envía a Sus Majestades de Oriente la lista de la compra? ¿Y si a un niño le entran ganas de hacer pis en mitad de la Noche de Reyes? ¿Y si a los reyes o a sus pajes les ocurre algún percance?… Infinidades de preguntas… Infinidades de respuestas que, seguramente, darán lugar a nuevas historias escritas y narradas por los autores más pequeños: nuestros alumnos y alumnas…

Creo que Horacia nos  aporta una propuesta diferente a la hora de presentar  los cuándo, los cómo y los por qué de estos protagonistas indiscutibles de las Navidades infantiles…Ojalá que sirva de disparador para que, desde distintas plumas y miradas, puedan conocerse diferentes versiones contextuadas de su origen, su camino, su influencia en el imaginario social, la importancia que tienen para los niños y, ¿por qué no?, algunos de sus secretos mejor guardados…

¡¡Que lo disfrutes!! Lo cuelgo aquí abajo… Sarita


Cuento: Los Reyes de Caramelo 

Por: Horacia Echeverría

10360342_799484086728362_6197061936414303274_n (1)La noche del 5 de enero de 1966 me había parecido la más larga. Mamá había viajado a Ledesma (Jujuy) llevando gallinas y huevos para vender. Después de cenar, mis hermanos Lalo de 5 años, Ángela de 9,  Alcadia de 12 años y mi prima Mími de 6 años  corrimos a buscar el mejor calzado y los colocamos prolijamente en la ventana para esperar a los reyes. Luego, como era costumbre, nos juntamos en el patio de tierra a mirar las estrellas.  Pero esta vez, papá no estaba para recordarnos los nombres de las constelaciones, ya que se había quedado esa noche en la chacra, pero aún así, por largo rato nos divertimos imaginando qué figuras formaban aquellas nubes en el cielo.

Después de rezar, tardamos en dormirnos, ilusionándonos con recibir un mejor regalo de reyes que el año anterior.

Cuando al fin estaba amaneciendo, me despertaron los gritos de mis hermanos festejando haber encontrado pequeños paquetitos en todas las zapatillas. Fui corriendo a la ventana donde las habíamos dejado en la noche,  y ansiosa revisé sin romper la bolsita que habían dejado sobre mi calzado, hallando en ella un paquetito con 4 galletitas dulces marca Manón y 4 caramelos de leche, de esos con forma cuadrada que aún se ven en algunos kioscos. El regalo Manón se repetía para todos, pero los caramelos eran distintos: Los caramelos de Lalo eran de maní, los de Ángela eran media hora, y los de Alcadia eran de frutas. Mi prima en cambio, recibió unos boyeros[1] azules que coincidían con su 29 de calce…. Pero ella hubiera querido también los caramelos.

Teníamos la costumbre de reunirnos todas las siestas con los chicos del barrio en un algarrobo gigante donde mi hermano José había construido una hamaca.  Esperando esa junta, nadie osaba comer las golosinas que habíamos recibido de regalo…. Yo no pude con mi genio, y mordisqueé las esquinas de las galletitas y mastiqué dos caramelos… eso sí, me guardé celosamente los papelitos como prueba.

Bajo aquel algarrobo, se armó el muestreo de regalos, se compartió la decepción de aquellos que no recibieron nada, y luego en ronda, un debate crítico sobre el tema.

Marta, que era la mayor de las hermanas Gómez que jugaba con nosotros: intentó consolar a sus hermanos que no habían tenido regalos, diciendo que los reyes no existen, que, en realidad, son los padres. Pero tanto Ángela como yo, saltamos con la prueba de que mamá se encontraba en Ledesma (Jujuy), Papá no había vuelto de la chacra y sin embargo, todos recibimos regalos en mi casa.

En un segundo intento, Martha nos quiso hacer ver que no era posible que en una misma noche, tres personas viajando juntas pudieran visitar a TODOS los niños del mundo, a lo que –en coro- todos respondimos: claro que sí, porque son MAGOS.

Mucho tiempo después, recordando el 6 de enero me di cuenta, que mi casa había sido visitada por un rey mago de 12 años.

[1]Boyero: era un estilo de calzado de lona muy apreciado.

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Acerca del Autor/a:

Sara Navarro

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