Educación: Una mirada reflexiva (Primera Parte)

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docente

Hola !!

En el post anterior presenté tres ejes organizadores de las temáticas que abordaré durante el 2014: educación, calidad y evaluación… De ahí que la exposición de hoy girará alrededor del primero de ellos, no agotándolo por supuesto. Tiene que ver con las relaciones existentes entre la educación, la política y laciudadanía democrática.

Para efectuar el análisis parto aquí de la base de que el papel de la educación en la construcción de las sociedades democráticas implica necesariamente evidenciar el carácter político de la educación y su tarea en la formación de ciudadanos. Así también debo aclarar que este tratamiento del tema se apoya en Freire y en la Pedagogía histórico-crítica y sólo pretende marcar un punto de partida para la reflexión, el análisis, la propuesta concreta, la continuidad de las utopías…

Desde estas palabras escritas, considero a la educación asociada al proceso de formación de ciudadanos… La entiendo como una práctica social, política e ideológica. De ahí que no pueda ser neutra, escéptica o centrada exclusivamente en lo técnico, dado que nuestras acciones tampoco son neutras porque si lo fueran tendríamos sociedades homogéneas, sin clases sociales caracterizadas por intereses o necesidades diferentes e, incluso, contradictorias.

Entonces, si nuestras acciones y, por lo tanto, lo social no son neutros puedo perfectamente presentarles la idea de la educación como una práctica social, política e ideológica

¿Comienzo a explicar?

1) Las personas somos seres imperfectos, inacabados. Al tener conciencia de esto, al entender “ese tanto de menos personal”, “eso que nos falta como humanos”, comenzaremos a transitar diferentes senderos, a elegir, a decidir por cuál de ellos seguimos. Así, cuando nos encontramos ante situaciones de elección, las respuestas que demos ante estas situaciones no están determinadas porque éstas no se producen de forma automática, antes bien: están condicionadas biológica y culturalmente. En palabras de Freire: “… la raíz profunda de la politicidad de la educación está en la propia educabilidad del ser humano, que se funde en su naturaleza inacabada y de la cual se volvió inconsciente. Inacabado y consciente de su inacabamiento histórico, el ser humano se haría necesariamente un ser ético, un ser de opción, de decisión…” (Freire, 1997)

Podemos desprender de la cita que, definitivamente, nosotros somos capaces de transformar ytransformarnos y si esto es posible, de suyo podemos inferir la capacidad protagónica, histórica y política que poseemos en nuestra condición de humanos… Así, cuando hablamos de educación, entonces, lo hacemos desde nuestras características de historicidad y politicidad.

Ahora bien, hay otro concepto que incluyo aquí: el de formación, que implica la construcción de un futuro para la sociedad… Y al referirme a él, necesariamente debo poner en la palestra a los docentes, porque sus actuaciones van más allá del momento presente dado que, al decir de Freire, deben asumir en forma ética su sueño, que es político. De ahí el poder de la educación: en su sentido formativo condiciona hacia determinadas formas de actuar, pensar y sentir, muestra las posibilidades de acción hacia un sentido u otro.

2) Somos seres políticos por naturaleza (retomando la idea de Aristóteles) y esto se explica por nuestra condición de sujetos históricos, condicionados, pero al mismo tiempo, capaces de reflexionar, actuar y transformar nuestra propia condición de vida y la de aquellos que nos rodean. Nos reconocemos como ciudadanos y ciudadanas, nos reconocemos como un “estar en la historia”, “estar en la política”.

Y es precisamente, desde esta dimensión, que subyacen las dicotomías, las luchas por el poder y de las cuales no están exentas las instancias educativas…

Así, en el modelo de producción que estamos viviendo hoy día nos encontramos con innumerables dicotomías. Por ejemplo: están aquellos que buscan reproducir el orden de las cosas a la manera neoliberal de los años 90 y nos explican el mundo a través de dicotomías: diseccionan la realidad, separan las cosas que están relacionadas para dificultarnos la comprensión de la realidad misma. Estos discursos perfectamente elaborados cumplen el propósito de crear la ficción de que los intereses económicos de ciertos grupos no inciden en la organización del poder y, al mismo tiempo, que no son ellos quienes pautan las líneas que han de seguir las instituciones sociales de acuerdo con proyectos de sociedad encaminados a beneficiar a determinadas élites.

Para aquellos ideólogos que pretenden presentarnos dicotomías, la educación es algo neutro, está más allá de los intereses de los grupos que controlan el poder o manejan la economía que, casi siempre, son los mismos. Así, hemos asistido a momentos históricos en donde se dicotomizaba educación-política, economía-política, educación-economía. Mientras en el discurso se sostenía que los programas de las escuelas debían estar ajenos a los intereses de los grupos políticos, en los hechos, estos programas sólo atendían los intereses de esos grupos de poder.

De esto se desprende que debemos tener muy en claro que los procesos educativos nunca son neutros, antes bien: encarnan en todo momento un proyecto político, es decir que, dan cuenta de un proyecto de sociedad específica.

En las sociedades neoliberales contemporáneas se organiza a la población según las pautas del mercado y éstas, a su vez, según las necesidades de acumulación de un grupo muy reducido de sujetos. Aquí la educación no sólo se encarga de formar cuadros aptos para realizar tal o cuál trabajo de la cadena productiva, sino que también los programas escolares buscan establecer los contenidos y mecanismos que susciten la legitimación del modelo de sociedad en el que emerge, es decir, su aceptación en el imaginario social.

Entonces, tengamos en claro que, el carácter político de la educación interviene en la libertad. Como expresaFreire: “… Si mi presencia no es neutra en la historia, debo asumir de modo más críticamente posible su carácter político, debo utilizar todas las posibilidades que tenga para participar en prácticas coherentes con mi utopía y no sólo para hablar de ella…” (Freire, 2001)

La primera conclusión es clara: cuando en estas líneas y las que vienen, hable de educación me referiré a aquella que forma para la libertad, para el pensamiento crítico y constructivo y para el ejercicio democrático de nuestra condición de humanos libres.

Por último: en tanto práctica política e ideológica podemos también referirnos a la asociación entreeducación y ciudadanía, al carácter irrenunciable de la práctica educativa dirigida a contribuir con una transformación social, de corte democrático, respetuosa de las libertades y de la pluralidad, orientada a la búsqueda del desarrollo cultural y económico, con justicia social.

Desde aquí entiendo la formación de ciudadanos orientada al fortalecimiento de una sociedad en la que prevalezca la democracia. Como advierte Freire: “”… No se trata de una democracia que hace más profunda las desigualdades, ni de seguir los proyectos realizados de forma maniquea por el grupo político que detenta el poder, sino que reclama la intervención de todos los grupos y clases sociales en el diseño como en la creación de un proyecto de sociedad. Una sociedad donde los ideales de los ilustrados sobre libertad, justicia, fraternidad, no sean palabras huecas, vacías, despojadas o desvirtuadas de su trascendental sentido, sino que sean parte del vivir cotidiano de las personas que integran dicha sociedad…”

Estas palabras llevan a preguntarnos: ¿De qué educación estamos hablando? … La o las respuestas a la cuestión, estimados lectores, estimadas lectoras, serán abordadas el jueves que viene.

¡¡Hasta entonces!!

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Acerca del Autor/a:

Sara Navarro

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