Educación: Una mirada reflexiva (Segunda Parte)

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Edacacion-para-la-libertad¡¡Hola!!

En el artículo anterior expuse acerca de las posibilidades de la Educación para la construcción de la ciudadanía y, por ende, de una sociedad democrática. Por eso puse en evidencia el carácter político de ésta, apoyándome en los postulados de Freire y la Pedagogía crítica.

La pregunta que, junto a ellos, voy a tratar de responder hoy quedó planteada el jueves pasado: ¿De qué tipo de educación estamos hablando? … Yo retomaría esta cuestión expresando: ¿Qué educación necesitan los ciudadanos para construir la real democracia?

De acuerdo con lo que vengo planteando  en post anteriores podría mencionar, al menos,  tres características  que, juntas, constituyen una respuesta al planteo que vengo haciendo…

1) Una Educación Problematizadora, que propone la formación de ciudadanos críticos: lo que conocen, sus actitudes y sus valores se constituyen en piezas fundamentales que los preparan para la vida en una sociedad más democrática… Explico esto ¿sí?

Desde el punto de vista de la visión que guía estas palabras, la educación es toma de conciencia, es compromiso, es conciencia histórica que favorece la formación de las personas para luchar en pos del cambio, lo que incita a asumir riesgos para lograr una real democracia en la sociedad, no sólo en la escuela. Por eso decimos que una de las dimensiones de esta educación es la de ser liberadora y esto no se alcanza a través de un proceso que conduzca, con sus acciones, a la sumisión, a la creencia en una realidad estática, ordenada, fragmentada, que posea la visión de un sujeto acabado, completo… Con esto sólo se logra influir anestesiando las ideas propias del que está junto a mí, impidiéndole reflexionar acerca de las contradicciones y conflictos que emergen del mundo cotidiano en el que está la escuela y él mismo. Este tipo de prácticas subordina al educando, sofoca el gusto por la rebeldía, reprime la curiosidad, no estimula la capacidad de desafiarse, de arriesgarse y lo torna pasivo.

Todos los adjetivos que acabo de mencionar en la segunda parte del párrafo anterior, refieren a unaeducación que no libera, es una dimensión de la cultura del silencio… Se trata de una estructura vertical de dominación o, a lo sumo, paternalista (me hace acordar a la Argentina de otras épocas ¿por qué será?…  Aunque por ahí aún existen resabios… Por eso viene bien recordar a Freire y los postulados de la Pedagogía Crítica… En otras épocas no podían leerse y los educandos de ese momento ni siquiera los conocíamos… ¿Por qué será?)

“… En la medida en que esta visión bancaria anula el poder creador de los educandos o lo minimiza estimulando así su ingenuidad y no su criticidad, satisface los intereses de los opresores…” expresa Freire en 1982. Esto es lo que ha dado en llamarse: educación domesticadora, práctica de la dominación, cuyo modelo comienza a aparecer en toda América Latina a partir de la década de los ’80 y termina por instaurarse en los ’90 a través de las sucesivas Reformas Educativas. Por eso Freire dice que hay que vigilar el rol social que esos tipos de educación tienden a cumplir…

¿Qué papel tenía la educación en las épocas de las Reformas en nuestra Región Americana? Partamos de la base: el pueblo era considerado como un recipiente prácticamente pasivo, ignorante, al que debía extenderse el saber. Aún bajo el slogan de “aprender a ser”, “aprender a pensar”, con cuadernillos que proponían miles de ejercitaciones, con equipos para laboratorios, guías de aprendizaje cuidadosamente elaboradas, la dinámica de la educación se reducía (en su íntima complejidad) a “dar”, entregaban un contenido. Ese contenido se mantenía inalterable, idéntico a lo largo de todo el proceso. Analizando un poco más esto puede decirse que el educador  pensaba acerca de los educandos, pero este pensamiento estaba dirigido a transitar un proceso “para” y “en” la “conquista”. En otras palabras: recorría, a través de las herramientas con que contaba (porque había sido formado en ellas),  un proceso de manipulación. En síntesis: esa educación consideraba al pueblo sin cultura y sin pasado… Valga como ejemplo el análisis que hoy podemos efectuar acerca del juico crítico que tienen de la historia  toda una generación de chicos y chicas de nuestro país que transitaron por lo que se denominó Educación General Básica (EGB 1, EGB 2, EGB 3) y Polimodal…

Este ejemplo (junto a otros muchos que pueden citarse) más los aspectos que acabo de mencionar ut supra,  impiden pensar que la verdadera educación (la posible), es aquella que permite o da pie a una síntesis cultural, que necesariamente es creación cultural, un diálogo de culturas: el que se establece entre el  educador y el del pueblo. En función de esto, la labor del docente consistirá en problematizar el objeto de la enseñanza y posibilitar, a los alumnos y alumnas,  condiciones para que ocurra “… la superación de los conocimientos del nivel de doxa por el verdadero conocimiento, el que se da a nivel de episteme…” (Freire, 1982)

He aquí lo fundamental: con este tipo de educación se desafía la sumisión de la conciencia para que el sujeto pueda insertarse críticamente en la realidad. Esto facilita la conciencia reflexiva y política acerca de los desafíos que presenta la realidad social, lo que implica entender un esquema horizontal. Es decir que la Educación Problematizadora nos presenta a los sujetos como inseparablemente unidos a la realidad y, a través de ella, entre sí.

De lo que se trata es de “…movilizar a favor de la dignidad, de la pregunta para interpretar (se) el mundo, de la problematización para dudar de las certezas construidas que inmovilizan. Una pedagogía de la complejidad, entendida ésta como la posibilidad de explicar el mundo desde la tensión, lo contradictorio y la incertidumbre…” (Soraya El Ackar, 2001) Al asumir esta educación, necesariamente se promoverá una lectura crítica del mundo que movilizará, a la acción política de grupos y clases sociales, hacia el fortalecimiento de la democracia. Por ello decimos que la educación debe brindar posibilidades de reflexión sobre sí mismos, sus responsabilidades y el contexto histórico en que están viviendo con sus desafíos y problemas.

La acción del docente (que al optar lo hace en libertad) es importantísima porque él también debe dejar en libertad de disentir, elegir, optar, a los educandos. (¿Están preparados los educadores? La pregunta remite a la temática de la Formación Docente… Pero esta temática será abordada en otra oportunidad)

Capacidad social de reflexión, garantía tanto para ser escuchados como para disentir, son características de la apertura democrática de aquellas escuelas que preparan para la función de la ciudadanía. Sin estas características, sin ciudadanía crítica y reflexiva, capaz de intervenir en las instancias sociales, la democracia se torna vulnerable a los intereses dominantes… (Tratemos de desterrar el pensamiento ingenuo que dice que, a más de treinta años de democracia, los intereses dominantes han quedado sepultados… Tal vez sepultados como “dictaduras” porque a esta altura de los tiempos los pueblos no las soportarían más… Yo diría más bien que los intereses de algunos sectores que aún pugnan por la dominación nos dan sus mensajes a diario a través de algunos medios de comunicación social, redes sociales, comportamientos, formas de responder al otro que está junto a mí, entre innumerables ejemplos que aún persisten y conviven con nosotros a diario)

Para finalizar, Freire nos propone ir desde una curiosidad ingenua hacia la curiosidad epistemológica, que incluye razón y pensamiento crítico pero también: intuición, emociones, creatividad, preguntarse y responderse acerca de las utopías (¿cuántos jóvenes en nuestra Argentina se preguntan acerca de las utopías?… ¿Será que los docentes preguntan en posibilidad de acción-reflexión-acción acerca de ellas?), sobre las propias certezas… En la praxis docente cotidiana, las preguntas tienen que ver con las formas en que se establecen las relaciones sociales en los espacios de trabajo: cómo se configuran las relaciones entre directivos, educadores, estudiantes, trabajadores de la escuela y la comunidad.

Por ello, para comenzar a trabajar en pos de una Educación Problematizadora se hace imprescindible pensar-nos, identificar-nos en la naturaleza de esas relaciones (verticales, horizontales, de cooperación, de imposición), también significa preguntarnos cómo se realizan las actividades escolares de planificación, administración, coordinación, evaluación… De ahí que, reflexionar en torno a la participación y la toma de decisiones que corresponde al acto de educar, permitirá re-direccionar nuestra acción hacia otras de signo democrático.

Ahora bien otras de las dimensiones, que caracterizan a la educación y que intentan completar la respuesta que estamos dando a la pregunta de partida de este post, son: su condición dialógica y aquella que la entiende como un modo de intervención en el mundo…

Estos aspectos se irán tratando a partir del jueves que viene.

¡¡Hasta entonces!!

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Acerca del Autor/a:

Sara Navarro

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