El Instituto de Estudios de América Latina (IDEAL) Parte 3: Fundamentos

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El Escenario Contemporáneo

En nuestros días, la humanidad observa con asombro cómo el denominado “primer” mundo, que parecía intocable, sufre las consecuencias de las políticas neoliberales.

Justamente, porque en la actual etapa del capitalismo, la red financiera global, está basada en un poder supraestatal que domina países y a sus gobiernos. El cataclismo financiero que arrancó en Estados Unidos y se propagó rápidamente al resto del mundo, es apenas el comienzo de una crisis internacional devastadora. Pero bastaría concentrarnos en el período reciente, en el mundo actual, para darnos cuenta de que las sociedades latinoamericanas, hasta ayer el continente más desigual del mundo, avanzaron en la superación de las desigualdades y de la miseria. Aún más, en contraste con los países del centro del capitalismo que giran en torno a políticas que América latina ya superó.

El avance más importante, elemento característico también de este cambio de época, es la integración y la institucionalización en ámbitos como el MERCOSUR, la UNASUR y la CELAC posicionando a Nuestramérica en el panel de los bloques Grannacionales que van conformando este mundo multipolar. Para ello, debemos remarcar como bisagra de los procesos que vivimos en América latina, el momento histórico en que los presidentes de los gobiernos populares rechazaron al ALCA, ante el asombro del mundo y marcaron la decisión de avanzar en un camino de independencia y soberanía.

También se llevó a cabo el trascendental encuentro entre los presidentes de los BRICS y los de UNASUR. Su importancia queda reflejada  en la Declaración de Brasilia, donde la organización global saluda y apoya la unión regional. Mientras todo esto ocurría, sobre una base de ayuda mutua y sin intromisión en políticas internas de los países involucrados, en otras regiones se desarrollaba la otra cara de la moneda: el imperio hace malabares para tratar de calmar las ansias de sangre de su principal socio en Medio Oriente.

En la última década no surgió un bloque unificado contra la hegemonía norteamericana, como había ocurrido en el siglo pasado. La dialéctica irónica de la historia hizo creer que con la caída del “socialismo real” aparecería el mundo unipolar. Sin embargo, lo que emergió, luego de décadas del Neoliberalismo, fue un conjunto de países que consolidaron sus economías y se lanzaron a un desarrollo acelerado de sus sociedades. Además, China, Rusia, India y Brasil, por nombrar a los más importantes, “emergieron” dentro del propio sistema capitalista y del mercado mundial, lo que lejos de suponer un alivio se transformó en un peligro más real a los intereses concretos dl liderazgo de Estados Unidos de lo que fue la URSS y el bloque socialista en el siglo pasado. Y es que la Guerra Fría, una vez consolidada sus fronteras, funcionó con una lógica de mundos separados y, por lo tanto, no constituyó un peligro para el liderazgo norteamericano al interior del suyo. Hoy, el combate es por el mismo territorio “global”.

Pero si bien, se han dado avances importantes a nivel económico y político, para enfrentar el Neoliberalismo, en términos culturales el cambio es más lento y requiere de mayores niveles de síntesis y consenso entre los diferentes actores. El individualismo y el consumismo todavía permean nuestra sociedad. La revolución mediática impone el sentido común dominante y ya no es posible negar el rol de los medios de comunicación masiva.

Lo innovador de esta etapa, reside en que no responde a modelos esquematizados. Las luchas populares son el acontecimiento constituyente e este fenómeno. Fue la insurrección boliviana, caracterizada como “una combinación inédita de rasgos antiguos y modernos”, la que abrió el camino de Evo Morales a la presidencia. También ocurrió en Venezuela: la congregación en el Palacio de Miraflores frente al golpe patronal del 2002, la que le permitió la radicalización “bolivariana” a Hugo Chávez. Lo mismo Lula da Silva en Brasil, cuya victoria electoral no puede comprenderse sin la articulación de la autonomía obrera del ABC paulista  con los movimientos urbanos brasileños en el partido de los Trabajadores. Lo miso podemos decir de la resistencia popular al intento de golpe policial en Ecuador.

Y en nuestro país, Néstor Kirchner no sólo es el producto de las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, con los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, sino el producto de todas las luchas de nuestro pueblo que nos precedieron, especialmente la de nuestras queridas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Todos estos cambios en el orden político-gubernamental, pero fundamentalmente, los cambios que se van dando en el orden cultural, dan cuenta del desarrollo de un nuevo paradigma en el que Nuestramérica aparece como área geopolítica e histórico-cultural y con las posibilidades de un camino en común.

En este momento histórico se dan condiciones para que comencemos el camino de nuestra independencia como pueblos y de nuestra soberanía como naciones suramericanas. Solamente con mayores niveles de integración es posible alcanzar este objetivo. No solamente integración a nivel de los estados, sino también a través de la creación de espacios cada vez mayores de confluencia política entre sindicatos, organizaciones sociales, políticas, vecinales y populares.

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Acerca del Autor/a:

Sara Navarro

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