Formosa … Ese Mosaico cultural (Quinta Parte) -Los Wichí-

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Fuentes utilizadas para elaborar este artículo que están por leer:

http://www.sacham.com.ar/

http://www.lenguawichi.com.ar/cultura/cocina

http://www.radiosiete.com.ar/?p=22882

¡¡Hola!!

Hoy tenemos varias preguntas para hacernos acerca de los Wichí y, de esa manera, conocerlos un poco más…

Ayer hicimos referencia a la Interwichí ¿recuerdan?, podríamos ampliar un poquito esto a partir de los siguientes interrogantes: ¿Cómo nace la Interwichí?, ¿en qué consiste?, ¿cuál es su misión?, ¿quiénes la integran?

Antiguamente, representantes y dirigentes de los grupos Wichí de cada zona, se reunían (cada estación del año) (lup “invierno”; chelhchep “otoño”; nawup “primavera” y yachep “verano”) con el propósito de buscar, entre todos, respuestas y soluciones a las problemáticas que se planteaban.

Al representante se lo denominaba niyat, era elegido por la gente y podía haber hasta tres por grupo: un hombre (hin’u niyat), una mujer (atsinha niyat) y un muchacho (mamse). Además de estos líderes, también participaban ancianos y adultos y se daban consejos para prevenirse de las enfermedades y dificultades de la naturaleza generados por los malos espíritus. Los jóvenes podían asistir y participar para apoyar al niyat de su grupo.

 En 1992, representantes de ocho comunidades Wichí de Pozo del Tigre, Las Lomitas, Juan G. Bazán y Pozo del Mortero de nuestra Provincia junto con APCD (Asociación para la Promoción de la Cultura y el Desarrollo) se organizaron para formar la Interwichí.

Las reuniones se llevan a cabo una vez por mes, y si es necesario un encuentro extraordinario, se realiza una nueva convocatoria. A los encuentros asisten dos o tres delegados de cada comunidad que integra la Interwichí y miembros de APCD, y también son abiertas a cualquier otra persona que desee participar. Los delegados pueden ser hombres y mujeres, jóvenes, adultos y ancianos, y son elegidos por la gente de las comunidades según los temas que se van a abordar en la reunión y la experiencia con la que cuenta el delegado.

En esencia, el propósito de las reuniones de la Interwichí es similar al que tenían los antiguos encuentros que hacían los niyatey: se discuten problemáticas de cada comunidad, nuevas propuestas y se buscan soluciones. Es un espacio de puesta en común, discusión y decisión conjunta.

En la publicación de ayer, también mencionábamos que este pueblo caza, pesca, recolecta miel del bosque y que esa serie de actividades productivas que realizan se engloba dentro de la economía tradicional y se la denomina “marisca”… Teniendo en cuenta esto podríamos preguntarnos cuáles son las comidas típicas que ellos elaboran… Qué cocinan los Wichí, cuáles son las comidas propias de su cultura…

Según lo que hemos leído para comentarles aquí, numerosas son las plantas del monte asociadas a la alimentación Wichí y procesadas para ser comidas. Los productos de origen natural tienen una gran importancia en su alimentación. Según la investigación etnográfica que realizara Pastor Arenas en el año 2003, su recolección no es azarosa: entre mujeres y en conversaciones familiares se comenta dónde se vieron ciertos árboles, frutos o determinados productos en abundancia, maduros o en sazón. Amigas y vecinas cuentan que en tal o cual parte se ven productos de interés para comer. Suele ser una actividad femenina. Van solas sólo si el sitio a donde van es cercano y si la finalidad es muy concreta, de lo contrario, se juntan en pequeños grupos que varían de tamaño según la distancia, la cantidad y el esfuerzo que demanda la colecta. Los varones, especialmente algunos maridos, forman parte del equipo y colaboran de diversa manera.

No todas las plantas son comestibles. Entre las plantas no comestibles, los Wichí distinguen plantas (a) peligrosas, (b) tóxicas, (c) con efectos desagradables, (d) con causas ambiguas, y (e) contaminantes (Arenas 2003: 214).

Las recolecciones están organizadas según los ciclos anuales. Se distinguen cinco grandes períodos:

Yachep (diciembre-marzo): es el período propio de la algarroba hacia fines de noviembre y principios de diciembre. Preanuncia el fin e inicio del año occidental.

Chelhchep (marzo-mayo): es el tiempo de floración del “quebracho colorado”, con frecuentes temporales y días de lluvias, lloviznas y húmedos.

Lup (mayo-junio): tiempo de escasez de frutos, sequedad de la vegetación.

Fwiy’etil (julio-agosto): tiempo frío, de heladas y sequía, representa fin e inicio de ciclo.

Nawup (septiembre-noviembre): tiempo de floración e inicio de período de abundancia de frutos. El primero de los frutales importantes en dar flores es el “chañar” y luego el “algarrobo”. Numerosas plantas reinician su período vital en este período.

Hoy en día, además de los frutos del monte, otros productos y alimentos se incorporaron a la alimentación y rutina alimenticia y, consecuentemente, nuevas recetas.

Y hablando (a través de la palabra escrita) de recetas frecuentes que ellos utilizan, tomá nota de estas tres:

Tits’e fwa’ay (Algarroba para succionar)

a) Ingredientes: agua y algarroba.

b) Preparación: juntar las algarrobas, colocar en un mortero, moler bien, colocar en un recipiente, agregar agua. esperar un ratito hasta que está lista para comer.

Atsaj (Bola verde)

a) Ingredientes: frutos de bola verde y grasa de vaca.

b) Preparación: buscar frutos de bola verde, sacar la semilla, poner el fruto al sol, cocinar en agua hirviendo tres veces, retirar y lavar el fruto. Moler los frutos en el mortero hasta convertirlos en harina. mezclar la harina de bola verde con grasa de vaca y hacer una masa.

Pan toj top’ukwe (Tortilla asada)

a) Ingredientes: harina, grasa, jarra con agua y sal.

b) Preparación: colocar la harina en una fuente, añadir la grasa y el agua, amasar y hacer discos chatos, colocar los discos de masa en la parrilla y asar. retirar cuando la tortilla esté tostada.

Ahora bien, esto que acabamos de comentar, las actividades económicas, la gastronomía, la forma de organizarse, son tópicos que definen la cultura de los Wichí, pero no son los únicos… Hay otros y vamos a abordar uno de ellos hoy.

¿Qué cantan los Wichí?, ¿a qué le cantan?, ¿por qué cantan?…

Para tratar de responder estos interrogantes, miremos un poquito hacia atrás y digamos que, en la etapa de subsistencia del pueblo Wichí, los sonidos y cantos de la naturaleza tuvieron un lugar muy destacado en las luchas y en las conquistas. Los cantos y las danzas eran protagonizados por los chamanes y algunas personas con capacidades muy especiales para proteger a los humanos de seres extraños. Vivían así en armonía con la naturaleza como parte de la misma creación…

Para la cultura Wichí, los sonidos y todo lo que hace ruido está relacionado con la vida. Por eso tienen mucha importancia para la subsistencia de las familias. La pesca, la marisca, la recolección de frutos del monte y las actividades hechas por las manos de las mujeres wichí son actividades que se acompañan por cantos y por sonidos de la naturaleza para alentar o comunicar buenos o malos mensajes. Estas actividades están protegidas según normas establecidas por los integrantes de la comunidad.

El canto, que expresa tristeza, alegría o búsqueda, pertenece a cada clan familiar y es con el mismo que el clan se identifica. Se escuchan a veces cantos de pájaros imitados por personas para atraer y elegir la presa. Se oyen mujeres y varones que entonan melodías cuando un ser querido está enfermo o para conservar en la memoria a personas que fueron importantes por las actividades en las que tuvieron participación. Todo esto es parte de la cultura Wichí de la zona, y como toda cultura aborigen, tiene además el recurso de la lengua oral, una riqueza cultural que muchas veces no se refleja en la expresión escrita por ser una lengua ágrafa desde hace muchos siglos. Sin embargo, son un pueblo con capacidad de transmitir, de generación en generación, lo propio de su cultura.
En este sentido, las capacidades de expresión artística constituyen un recurso estratégico para fortalecer y avanzar en la defensa de la identidad de cada wichí y de la pertenencia al clan familiar.

En el Diario Página 12 del miércoles 6 de julio de 2005 se publicaba el siguiente artículo:

“La historia empezó en el corazón inhóspito de la selva norteña, en una aldea de chahuancos, y parece culminar 35 años después muy cerca de allí, en un poblado wichí. Es una historia musical que tuvo como bisagra o articulación una contratapa de Página/12. El protagonista principal es el maestro Sergio Aschero y su poderosa numerofonía, una nueva forma de escribir música…

De chico había comenzado sus estudios en el Collegium Musicum y en el Conservatorio Nacional y en España terminó su formación en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y en la Universidad Complutense de Madrid. Vivió más de 20 años en el exterior, en España, Italia y Brasil, y cuando volvió a la Argentina ya traía el fruto de sus investigaciones.

Eliminó el pentagrama, las claves, las redondas, las blancas, negras y corcheas, sostenidos y bemoles y simplificó todo hasta lograr un sistema sencillo, lógico y a partir de conocimientos familiares y comunes: números o formas geométricas y colores.

 Todo esto se contó el año pasado en una contratapa que se tituló “Música”. Un día llamaron de la Fundación Niwok a la redacción para contactarse con el maestro. Un grupo de jóvenes de una comunidad wichí había decidido proponerle la organización de talleres de formadores musicales. Y allí comenzó otro capítulo de esta historia, con el maestro Aschero moviendo varias veces al año su porte voluminoso y su barba roja desde Buenos Aires hasta la localidad formoseña de El Potrillo, en medio del monte y más o menos cercana al Bermejo…

El grupo Sacham, que reúne a los jóvenes más inquietos de la comunidad, decidió encabezar un proceso de recuperación de sus capacidades musicales y de recreación de sus procesos culturales. Para allí fue el maestro Aschero, con su esposa, Mirtha Karp, también música…

Esta especie de vikingo pelirrojo y de ojos azules no desentona en el poblado wichí. Más bien todo lo contrario, la pasión por la música estableció lazos inmediatos y profundos, sobre todo con el grupo Sacham, que ya lo ha bautizado en su lengua…

Inventó un nuevo sistema de escritura cuando no pudo transcribir hace 35 años la música de los chahuancos y ahora, en la misma zona de aquella primera experiencia, tiene la posibilidad de poner su numerofonía a disposición de esta comunidad wichí… Un enorme potencial frente a una página en blanco. “Ni Mirtha ni yo escribimos las letras o la música –dice Aschero–, nuestro trabajo es solamente facilitar esa tarea, las letras y las canciones las escriben ellos.”…

Los jóvenes Sacham de El Potrillo pudieron exhibir los primeros frutos de su empeño y vencer el recelo inicial de los ancianos de la comunidad: escribieron el primer cancionero wichí con sus composiciones y están construyendo nuevos instrumentos musicales con los materiales que provee el monte…”

De ese cancionero cuelgo hoy un vídeo de una bellísma canción cantada por una joven Wichí de nuestra provincia. Dicha canción se encuentra en el CD Wichí Tenkai, que posibilitó el Dr. Sergio Aschero y la profesora Mirta Karp. En el vídeo encontrarán imágenes que no pertenecen a la cultura Wichí pero la idea de quien lo elaboró es que puedan disfrutar de la canción como parte de la cultura humana, y no sólo porque sea wichí. A su juicio su belleza es universal, por eso la acompañó con imágenes universales. Lo cuelgo aquí abajo.

Sarita

 

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Sara Navarro

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