Ser Docente… Ser Educador (Segunda Parte)

0

papepi

¡Hola!

Las temáticas que comenzaremos a profundizar, a partir del día de la fecha, quedaron citadas el jueves pasado… Así que, de acuerdo con esa programación, inauguramos nuestro encuentro semanal con las siguientes preguntas:

¿Quién es el docente? ¿Quién es la docente? ¿A quién me refiero cuando digo “docente”?

Digo “a quién” y no “a qué” porque camino de la mano de la Pedagogía Freireana y con la expresión que utilizo lo primero  que respondo es que el docente, la docente, es un sujeto, es hombre, es mujer, es quien vive en un contexto histórico-cultural, lo que implica que tiene historicidad, tiene memoria, se desarrolla como sujeto cognoscente y por ello aprehende su realidad. También puedo agregar que, desde su humanización (su afirmación como sujeto) o deshumanización (minimización como objeto) depende, en gran medida, la captación de su realidad.

No está solo, no está sola, sino en constante relación con los otros y para los otros sujetos, pero además no sólo con ellos y ellas sino también con el mundo y su mundo. Y esto es importantísimo porque es precisamente en esa relación cómo se concientiza, cómo se transforma. Es en esa relación donde su práctica (que debe ser producto de su reflexión y acción) genera conciencia… Pero hay veces, dice Freire (2009), que: “…El hombre simplemente no capta las tareas propias de su época,…, le son presentadas por una élite que las interpreta y se las entrega en forma de receta, de prescripción a ser seguida, y cuando juzga que se salva siguiendo estas prescripciones, se ahoga en el anonimato, índice de la masificación, sin esperanza, sin fe, domesticado y acomodado: ya no es sujeto. Se rebaja a ser puro objeto…” Por eso es que el sujeto-educador al que refiere Freire, es fundamental, es clave en el proceso formativo del educando porque es en ese proceso, desde donde y en el que, el/la docente se nutre y funde con ellos y ellas, donde de manera dialéctica capta constantemente la conciencia crítica y ésta, a su vez, capta la realidad y la problematiza.

Lo que acabo de expresar expone, muestra, lo importante que es considerar la labor docente en su contexto, en su entorno y en su propia práctica educativa.

Ahora bien, dada la relevancia de su labor, ¿cuál es su tarea principal? “… La tarea fundamental de educadores y educadoras es vivir éticamente,… Lo importante es el testimonio que damos con nuestra conducta. Inevitablemente cada clase, cada conducta es testimonio de una manera, ética o no, de afrontar la vida…”, nos enseña Freire (2010). Expliquemos esto. Cuando nosotros y nosotras, docentes, nos respetamos a nosotros mismos y somos capaces de respetar las ideas y posiciones de los otros, entonces manifestamos nuestra ética. Pero hay que aclarar algo: respetar las ideas de los y las que están junto a mí no significa mentirles, manipularlos, sino dar testimonio de la elección que hemos hecho, defender nuestra postura, mostrarles las posibilidades que hay fuera del aula, la realidad histórica, cultural, política y social. Mostrarles que predicamos sí, pero con el ejemplo, porque si bien la crítica en el aula es fundamental, la misma no tiene ningún sentido si no va acompañada de la coherencia entre el decir y el hacer, entre el sueño y la utopía.

Freire (2010) aclara aun más esto que he expresado: “… La ética define el deber ser, establece los principios morales de convivencia y respeto, regula nuestra presencia en el mundo. Para evitar la trampa de la ideología digo que la ética tiene que ver con el sentido común. Por ejemplo, desde este punto de vista, ¿sería ético explotar a las personas o discriminar al diferente? ¿Será correcto humillar, ironizar, minimizar al alumno, reírse de él, intimidarlo? Desde el sentido común nadie puede aceptar eso. La eticidad es una actitud concreta que no proviene de discursos abstractos sino de vivirla…”

Hagamos una pausa y preguntémonos ahora (a partir de lo que venimos tratando hasta aquí): ¿Somos genuinamente coherentes en nuestro decir y hacer, entre nuestro discurso y nuestra práctica? ¿Cómo hacemos, a través de la labor cotidiana, para disminuir la distancia entre ambos? ¿Hacemos algo? ¿Cuántas veces nos hemos jactado de ser éticos, críticos, propositivos, que sabemos escuchar a nuestros alumnos y alumnas y caemos en nuestra propia trampa de incongruencias? Seguramente muchas. Y esto pasa porque no hemos aprehendido aún que nuestra tarea consiste en enseñar y enseñarnos en la medida en que conocemos el contenido de lo que enseñamos, en la medida en que nosotros mismos somos capaces de apropiárnoslo y aprehendérnoslo. La congruencia del docente consiste  en  aprehender que es un sujeto que conoce y reconoce su mundo frente a un alumno, una alumna, que no son depositarios de información sino sujetos de concientización.

En palabras de Freire (2007): “…La tarea del educador,…, no es colocarse como sujeto cognoscente, frente a un objeto cognoscible para, después de conocerlo, hablar sobre él discursivamente a sus educandos, cuyo papel sería el de archivadores de sus comunicados…”

De esto podemos desprender que necesitamos docentes con cualidades, características muy específicas, que sean tolerantes, críticos, curiosos y humildes, auténticos y que asuman su práctica docente.

Si hacemos una nueva pausa, ante lo expuesto, caben las preguntas: ¿Hemos sido formados en esta línea? Si la reconocemos como valiosa, importante, fundamental, ¿estamos dando oportunidades, como sistema formador, de contar con docentes que tengan estas características?, ¿estamos formando (en las Universidades y los Institutos y/o desde la Capacitación Docente) educadores tolerantes, transparentes, críticos, curiosos y humildes, que sean auténticos y que asuman su práctica docente y que, desde ella y a través de ella, se reconozcan como sujetos activos, creadores, políticos y éticos?, ¿formamos docentes, somos docentes que entendemos que nuestra labor rebasa el trabajo áulico, que debemos ser capaces de cuestionarnos nuestra práctica hasta reconocernos en ella como una forma de vida que hemos elegido y que nos ayuda a entender que no lo sabemos todo, pero que tampoco  todo ignoramos y que es esto, precisamente, lo que nos brinda la posibilidad de ser abiertos al aprender y al enseñar?

¡Vaya preguntas estas! Pero ¿de verdad nos las hemos hecho en algún momento? Porque tal vez, si comenzáramos aunque sea tímidamente a responderlas, iniciaríamos otro camino… ¿te animás?…

Una cosa más, como para aclarar ¿no? Dice Freire (2010): “… No estoy pensando que los educadores y educadoras deban ser perfectos o santos. Es justamente como seres humanos, con sus valores y sus fallas, como deben dar testimonio de su lucha por la seriedad, por la libertad, por la creación de la disciplina de estudio indispensable de cuyo proceso deben formar parte como auxiliares, puesto que es tarea de los educandos generarlo en sí mismo…”

Y esto quiere decir estimado lector, estimada lectora, que nuestra tarea no es fácil, pero aún así creo que es maravilloso el reto, el desafío que ella nos presenta: generar, a través de nuestra práctica, un cambio en la manera de ser del educando en la búsqueda  de conciencia y autonomía. Pero entendamos algo: sólo podremos lograr esto que hemos dicho en la medida que los y las reconozcamos como sujetos históricos y sociales (a nosotros mismos también) y como sujetos con posibilidades de cambio (a nosotros mismos también) y de esperanza con los otros y con su mundo (con el nuestro también).

Si aceptamos el desafío y nos animamos a emprender este viaje debemos llevar en la mochila ciertascualidades, ciertas características, que nos definirán como Docentes Progresistas, esos docentes de la Pedagogía FreireanaLas mismas serán abordadas dentro de siete días.

¡¡Hasta entonces!!        Sarita

Compartir

Acerca del Autor/a:

Sara Navarro

Comentar

*