Ser Docente… Ser Educador (Tercera Parte)

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Freire¡Hola!

Nos encontramos luego de varios días para retomar la temática abordada el 16 del corriente mes…

En ese entonces había dejado planteado que elEducador Progresista, que propone Freire, debe contar con ciertas cualidades o virtudes como él las llama. Éstas se generan en la práctica, en coherencia con la opción política de naturaleza crítica del educador o educadora. No nacemos con ellas, no las encarnamos por decreto, no las recibimos como reaglos, no son cualidades abstractas. Antes bien, deben ser vistas “… como una forma de ser, de encarar, de comportarse, de comprender, todo lo cual se crea a través de la práctica, de la búsqueda de la transformación de la sociedad…”, expresa Freire.

Son ocho:

–          Coherencia.

–          Saber manejar la tensión entre la palabra y el silencio.

–          Trabajar críticamente la tensión entre la subjetividad y la objetividad.

–          Diferenciar el aquí y ahora del educador y el aquí y el ahora del educando.

–          Evitar el espontaneísmo sin caer en posturas manipuladoras.

–          Vincular teoría y práctica.

–          Practicar la paciencia impaciente.

–          Saber leer el texto a partir de la lectura del contexto.

Expliquemos, en forma breve, a qué hacen referencia cada una de ellas:

1) Ser coherentes, es decir, congruentes entre lo que decimos y hacemos.

No puede haber contradicción entre lo que predicamos en el aula y nuestra conducta personal porque si esto sucede, nuestro discurso docente carecerá de legitimidad y se trasfromará en palabras huecas; “… coherencia entre el discurso y la práctica. Disminuir la distancia entre uno y otra es un ejercicio que se nos impone. Una cosa es hablar sobre las relaciones democráticas y creadoras entre profesores y alumnos, y otra es reprimirlos porque le hacen, al profesor, una pregunta incómoda…” (Freire, 2007).

2) Saber manejar la tensión entre la palabra y el silencio.

La tensión que se crea entre la palabra del educador o educadora y el silencio del educando, entre la palabra de los educandos y el silencio del educador o educadora es permanente. Vivir apasionadamente esto quiere decir hablar con los educandos para que ellos hablen con nosotros y nosotras.. Debemos lograr que los educandos se asuman como sujetos del discurso y no como repetidores del discurso del profesor o profesora… Dice Freire (1985): “… Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta, porque lo que siempre estamos escuchando es una pedagogía de la contestación, de la respuesta…”

3) Trabajar críticamente la tensión entre la subjetividad y la objetividad. Esto es: entre conciencia y mundo, entre ser social y conciencia.

Ampliando la idea, Freire expresa: “… Es difícil definir esta tensión porque ninguno de nosotros escapa a la tentación de minimizar la objetividad y reducirla al poder de la subjetividad todopoderosa. Cuando yo les digo que es difícil que uno ande por las calles de la historia sin sufrir alguna de estas dos tentaciones, quiero decir que yo también tuve estas tentaciones y anduve cayéndome un poco para el lado de la subjetividad…”

4) Diferenciar mi aquí y ahora del aquí y ahora del educando.

Aclara esto de la siguiente manera: “… porque en la medida que yo comprendo la relación entre mi aquí y el aquí de los educandos es que empiezo a descubrir que mi aquí es el allá de los educandos…”

5) En este punto englobamos dos cualidades: Evitar el espontaneísmo sin caer en posturas manipuladoras y vincular teoría y práctica.

Respecto de ambas, Freire (1985) reflexiona así: “… Vivir intensamente la relación profunda entre la práctica y la teoría, no como superposición, sino como unidad contradictoria, de tal manera que la práctica no pueda prescindir de la teoría. Pensar que todo lo que es teórico es malo, es algo absurdo, es absolutamente falso. Hay que luchar contra esta afirmación. No hay que negar el papel fundamental de la teoría. Sin embargo, la teoría deja de tener cualquier reprecusión si no hay una práctica que motive la teoría…”

6) Practicar una paciencia impaciente.

No se trata ni de la una ni de la otra y se necesita de sabiduría para entregarse a esta tensión. A ver: la paciencia por sí sola puede llevarnos a posiciones de acomodación, espontaneísmo y esto hace que neguemos el sueño democrático. La paciencia por sí sola puede conducirnos a la inmovilidad, a la no-acción. La impaciencia por sí sola tampoco: porque puede llevarnos a un activismo ciego, a la acción por sí misma, a la práctica que no respeta las relaciones necesarias entre táctica y estrategia. En la impaciencia aislada amenazamos el éxito de la práctica, que se pierde en la arrogancia de quien se juzga dueño de la historia: es activismo irresponsable.

La cualidad no está en ninguna de ellas sin la otra, sino en vivir la permanente tensión entre ellas: “…está en vivir y actuar impacientemente paciente, sin que jamás se de la una aislada de la otra…”

7) Saber leer el texto a partir de la lectura del contexto.

Esto significa, en palabras freireanas (2009): “…una de las virtudes que deberíamos vivir para testimoniar a los educandos, cualquiera sea su grado de instrucción (universitario, básico o de educación popular), la experiencia indispensable de leer la realidad sin leer las palabras. Para que incluso se puedan entender las palabras. Toda lectura de texto presupone una rigurosa lectura del contexto…”

Estas cualidades que definen al docente progresista implican un compromiso muy profundo, también madurez y entrega, un estar convencidos que nuestra labor rebasa los muros de la escuela, que es necesario cuestionar permanentemente nuestra propia práctica educativa y que, para hacerlo, necesitamos imperiosamente recorrer el camino de la utopía acompañados de: humildad, amor, valentía, tolerancia, decisión, seguridad, paciencia y alegría de vivir.

Todos estos aspectos harán de nosotros y nosotras sujetos que intentan humanizarse y humanizar desde la misma práctica, sujetos creyentes en la educación, sujetos creyentes en la poderosa influencia de ésta para la sociedad y para el mundo.

Los aspeectos que no pueden faltar en nuestro viaje hacia el sueño democrático (y que he enumerado ut supra), serán explicitados en la práxima entrega.

¡¡Hasta entonces!!  Sarita

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Acerca del Autor/a:

Sara Navarro

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