Siguiendo su huella…

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Recién acabo de colgar la segunda parte de la Entrevista que se realizara a Freire, el 17 de abril de 1997 (él falleció el 2 de mayo de ese mismo año)… De acuerdo con esto, me pareció oportuno que pensemos juntos, juntas, qué significa “seguir las huellas de Freire” y recurrí a una publicación que se hiciera en el 2007, a diez años de su muerte…

Las páginas que integran esa publicación, que lleva por título “Al maestro con cariño”, constituyen un reconocimiento a  Freire quien pasó a la historia como uno de los referentes más importantes de la Educación Popular; por sus fundamentales aportes teóricos, políticos y metodológicos que nos legó desde su experiencia; porque éstos nos ayudan a pensar y a trabajar  hacer una educación para la liberación.

En dicha publicación se encuentran incluidos varios  textos que expresan un conjunto de reflexiones, deseos, recorridos históricos y conceptuales, sueños, recuerdos e indagaciones personales de un grupo militante que estudian, escriben y desarrollan sus prácticas de comunicación/educación popular en el contexto latinoamericano actual.

Cada una de estas voces, a su manera, expresan aprendizajes construidos colectivamente. Y plantean la necesidad de hacer permanentemente relecturas de la obra de Freire, que hoy más que nunca habla y hace preguntas inquietantes a nuestras prácticas pedagógicas.

Para esta oportunidad, elegí un texto de  Esdenka Sandoval, Lic. en Comunicación (Universidad Nacional de La Plata). En el momento de escribir el artículo que comparto con vos (que estás leyendo), ella trabajaba para la Asociación Mundial de Radios Comunitarias en Guatemala. Su voz reflexionada, a través de la palabra escrita, refiere a su experiencia  en comunidades Wichí de El Potrillo (Formosa) siguiendo las huellas de Freire y el significado que “seguir las huellas de Freire” encierra.

Espero que disfrutes de la belleza de este  artículo,  y que el mismo se convierta en disparador de tus propias palabras que, como nos enseñaba Freire, deben ser acción, praxis… No sólo correctas, bonitas, adecuadas y poéticas, sino políticas…

Empezá a leer el artículo. Está acá abajo.  Sarita =)


 Siguiendo su Huella

Por: Esdenka Sandoval

“¿Cuántas mujeres y hombres intentamos seguir sus pasos?

¿En qué remotos lugares de América y el mundo se aplica su metodología?

¿Cuántos y cuántas lo admiramos?

¿Para cuántas y cuántos él es unos de nuestros maestros?

Estas preguntas quizás no tengan respuestas definitorias y tampoco ese es su objetivo; sólo que éstas preguntas me sirven de excusas para recorrer desde mi memoria y mi corazón el mundo, imaginar escenarios, contextos, textos en el que hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas han escuchado su nombre.

Para muchas/os de nosotras/os, él es parte de nuestra vida.

Descubrimos que en su Recife aprendió a leer el mundo antes que las palabras.

Leer el mundo.

Aprender a leer el mundo.

Sabemos que Brasil, Bolivia, Chile, Suiza, África, Oceanía, América lo reciben, lo escuchan y él escucha.

ESCUCHA, aprende, reflexiona junto a mujeres y hombres. Enseña a enseñar.

Si estás leyendo estas palabras es porque también estás en el camino en el que junto a otras/os enhebramos memoria, tejemos esperanzas, multiplicamos pasiones y rebeldía, porque nosotras/os decidimos que en el ejercicio de la educación, la formación, la facilitación está nuestro espacio de lucha por un mundo más justo y necesitamos de este espacio para vivir; porque en él nos parimos frente a cada nueva crisis que afrontamos. Nos parimos cuando no logramos ser coherentes en nuestra vida, nos parimos junto a otros y otras.

En este espacio aprendemos que no es fácil aprender lo que los silencios nombran y las palabras callan.

Aprendemos a desvendar el mundo.

Aprendemos a que no hay manera de saber sin sentir.

Aprendemos que no es posible pensar sin imaginar.

Aprendemos a asumir el miedo para poder vencerlo.

Aprendimos que primero nacieron las cosas y luego los nombres.

Aprendimos que las palabras aventuran sueños.

Entendimos que podemos estar condicionados/as, mas nunca determinados/as.

Entendimos que no es posible la vida sin límites pero nosotros/as decidimos qué límites rechazaremos.

Entendimos que el ejercicio del educador/a es una opción política que nos desafía a ser honestos/as, sensibles, apasionados/as, humildes. Nos desafía a amar.

Amar para transformar.

Algunas veces aprendimos y entendimos entre lágrimas de impotencia. Recuerdo mi experiencia en El Potrillo, Formosa, con una comunidad Wichí.

Llegué a esa comunidad a formar en producción y gestión radiofónica en un mes (según tiempos del proyecto de cooperación).

Durante la primera semana sólo podía caminar entre los jóvenes varones wichis que me miraban y murmuraban en su lengua y de vez en cuando se reían.

No me hablaban.

Mi cabeza giraba como ventilador realizando varias hipótesis y ninguna me favorecía.

La tensión en mi cuerpo, en la mirada, en mis movimientos se veía de leguas.

Siete días me llevó poder acercarme, hablarles y que me respondieran.

Siete días de llanto en los que nada de lo leído me servía.

Siete días en el que dije “muy lindo esto de Freire, pero no se puede”.

Siete días me llevó asumir que tenía miedo, asumir mis límites.

Días en que tuve que alejarme del grupo, recorriendo las comunidades para conocerlos.

Me alejé para acercarme.

Es una experiencia que guardo en mi corazón porque fueron ellos los que me parieron en otros tiempos y en otros ritmos bien distintos al mío.

Cuántas veces nos hemos preguntado qué quiso decir Freire cuando en Pedagogía del oprimido escribió “sólo los oprimidos puede liberarse y al liberarse liberar al opresor”.

Cuántas veces creemos que hemos comprendido la esencia misma de sus palabras y allí vamos convencidos/as de que no se puede aprender sin aprender a leer la realidad del mundo, de que no hay texto sin contexto.

Y así lenta y dolorosamente vamos aprendiendo a escribir nuestro propio relato en el que tratamos de vencer el miedo y seguimos alimentando la esperanza y la rebeldía.

Alguna vez Paulo Freire se definió como “un intelectual que no tiene miedo de ser amoroso, amo el mundo, a las personas, y lucho para que la justicia social se implante antes que la caridad.”

Amar, ¿cuántas veces tenemos miedo a amar, a entregarnos?

¿Cuántas veces nos levantamos decididas/os a soltar el miedo?

Y lo hacemos.

Lo hacemos y lo haremos una y mil veces porque estamos convencidos y convencidas de que enseñar es amar al otro y a la otra, es creer en él, en ella, en nosotros/as mismos/as porque no es posible hablar de educación sin radicalizar la lucha por nuestros derechos fundamentales.

Vivenciamos que enseñar es aprender del otro y la otra.

Vivimos aprendiendo a que no se puede enseñar sin aprender.

Aprendemos que primero es necesario escuchar. Escuchar palabras, historia, mundo, sentimientos.

Cada nuevo día intentamos ser sentipensantes, siendo uno/a en sentimiento, pensamiento, acción, reflexión. Luchamos por ser coherentes en cada pequeño acto, aunque no siempre lo logremos.

Sabemos que cada día de nuestras vidas esta es una pequeña batalla que tenemos que librar con nosotros y nosotras mismas.

Nos parimos con dolor pero en el convencimiento de que a través de su metodología nos parimos como hombres y mujeres libres que abrazamos el fuego de la esperanza para seguir alimentando nuestra rebeldía, tratando de continuar su obra, su ejemplo, tratando de construir desde nuestro rincón un mundo mejor”.

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Acerca del Autor/a:

Sara Navarro

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